segunda-feira, outubro 25, 2004

Retrospectiva e perspectiva sobre o jornal e o jornalismo

Nos 25 anos do diário El País, há dias celebrados, aquele jornal publicou um suplemento especial, onde veio publicado o texto El periodismo en los tiempos del cólera, do seu ex-director Juan Luis Cebrián. Pela sua pertinência para o módulo que estamos a tratar, aqui fica a parte mais significativa:

"EN LA VENECIA del XVII, los gondoleros vendían por la más pequeña de las monedas de la república, una gazzetta, hojillas manuscritas en las que se comunicaban, con singular promiscuidad, hechos verdaderos y falsos, calumnias y denuncias, maledicencias o informes procedentes de los comerciantes llegados a la ciudad y que se transmitían de boca en boca entre navegantes y trabajadores de los muelles. Eran historias increíbles, pero la gente parecía dispuesta a admitirlas, y pagaba por ellas igual que lo hacía porque le leyeran las rayas de la mano. Enseguida, los gobiernos descubrieron la utilidad propagandística de las gacetas, y reyes y validos se dedicaron a prestigiarlas, otorgando a determinados súbditos el privilegio de su publicación e institucionalizando sus funciones. La palabra gaceta se universalizó, dejó de denominar una moneda dando nombre al periódico impreso, aunque el proceso no fue lo bastante intenso como para evitar que todavía llamemos gacetilleros a los periodistas irrelevantes, superficiales o que trabajan sin rigor.
Todo esto demuestra que nuestra profesión tiene, a la vez, un origen canalla y un pedigrí regio. Reporteros y columnistas no cesan de reclamar su pertenencia al pueblo llano, pero luchan denodadamente por participar de los placeres y dignidades de la corte. Por lo demás, los bulos de los gondoleros interesaban tanto a los empresarios como a los amantes de la literatura, que ya habían concedido a Herodoto el título de historiador aunque se permitiera inventar la existencia de los hombres sin cabeza. El espíritu del periodismo pudo enlazar, así, con la mitología romana y enseguida hubo quien descubrió la conveniencia de llamar mercurios a los diarios. Mercurio era el dios del comercio y consiguiente patrón de mercaderes y ladrones, pero también, en su versión helénica de Hermes, era mensajero de los otros dioses y protector de la elocuencia, lo que le convirtió en padrino de los mentirosos y cómplice de los estafadores.
El periodismo moderno nació ligado al dinero, bien o mal ganado, y al poder, mal o bien ejercido, pero también, aunque es menos frecuente señalarlo, al café y al tabaco, drogas canonizadas hasta hace poco por nuestra civilización. En la Italia del XIX un cigarro toscano costaba ocho céntimos y el comprador solía pagarlo con una moneda de 10, con lo que el estanquero le devolvía dos. Un editor de Florencia decidió publicar un periódico bajo el título Il Resto del Sigaro (literalmente, la vuelta de lo que se pagaba por un cigarro), estableciendo el precio del diario en esas monedas que sobraban. De este modo, por 10 céntimos, uno podía fumarse un toscano y leer un diario de ocho páginas, cómodamente sentado en cualquiera de los cafetines de la ciudad, en los que se comentaban las noticias, se discutían las opiniones y se fraguaban las conspiraciones.
Aquellos productos de la prehistoria del periodismo se esforzaban mucho más en ser baratos que en ser creíbles y el respeto no les venía tanto del hecho de que dijeran la verdad de las cosas como de su relación con el poder. Tenían una gran vocación de halagar y complacer a su público con historias que les interesaran, truculentas o macabras unas, risueñas las menos, pero todas con hondo contenido humano o llenas de rabioso activismo político. Y sabían mezclar, con singular maestría, la defensa de valores sublimes, como la libertad o la rebeldía frente a los abusos del poder, con la de las cuentas de resultados de unos negocios verdaderamente opíparos.
Un adagio inglés asegura que periodista es todo aquel que va por la calle, se detiene, ve lo que sucede y se lo cuenta a los demás, pero un refrán español añade que nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. De las formas de contar, del énfasis, los adjetivos, la transparencia y la ecuanimidad, depende en gran medida el aprecio que uno reciba por parte de los lectores. Las dotes de observación son, por eso, fundamentales en el periodismo, pero tampoco constituyen algo específico de él. Los espías, los policías y los novelistas suelen prestar más atención que nosotros a las anécdotas, con lo que mejora su productividad. Sea por esta incapacidad de los narradores, o por su malevolencia, el periodismo nació ligado a la ficción, a las deformaciones más o menos interesadas de la realidad y a la interpretación de los hechos de acuerdo con poderes que le trascendían. Eso le predisponía, ya en su primera infancia, a convivir con la civilización del ocio y con el mundo del espectáculo, tanto como con los elementos del romanticismo y el patriotismo que ayudaron, durante el siglo XIX, a la creación de conciencias colectivas e identidades nacionales. La última guerra colonial de la España del XIX, que se saldó con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, fue un conflicto agitado por las columnas de los periódicos de Hearst. Éstos no dudaban en manipular y mentir cuanto fuera preciso para exaltar el ánimo patriótico de los norteamericanos en su solidaridad con los rebeldes de la perla del Caribe. Los métodos del ciudadano Kane, en su temprano ensayo de capitalismo salvaje aplicado a la prensa, no se diferenciaban mucho de los que años antes había administrado Karl Marx como director de la Nueva Gaceta del Rin. Desde sus páginas, Marx se dedicó a agitar las aguas de la revolución alemana y a propiciar la guerra con Rusia. Como los de Hearst, sus periodistas eran también combatientes. En la redacción del periódico había fusiles, bayonetas y cartuchos. La lección fue bien aprendida por Lenin, quien comprendió que un periódico era el mejor agitador colectivo imaginable. La historia de la prensa se encuentra íntimamente ligada a la de las guerras y las revoluciones. Los movimientos de masa eran lo suyo, pues era la masa a la que se dirigían los periódicos, y quienes los fabricaban comprendieron que el amor y la muerte, el sexo y la sangre, han sido siempre grandes verdades que han conmovido a la humanidad, independientemente de razas, religiones o clases sociales. Cuando Orson Welles emitió su famoso programa de radio sobre el choque de los mundos, algunos de los que conectaron la radio después del inicio de la narración pensaron que asistían a un reportaje sobre un hecho cierto, y no faltó quien se arrojara por la ventana, presa del terror. Se demostró, así, lo fácil que era confundir realidad y ficción, verdad y mentira, en los llamados medios de comunicación de masas y lo cerca que estaba ya la información del espectáculo. La irrupción de la televisión vino marcada por los mismos signos que el periodismo primitivo: sus contradictorias relaciones con el poder político y económico, y su moderna tendencia a mezclarse con el culto al cuerpo en todas sus manifestaciones. La Feria Mundial de Nueva York de 1939 fue la ocasión elegida por la NBC para que el presidente Roosevelt saludara por vez primera desde la pantalla a los neoyorquinos que pudieran verle en alguno de los 150 receptores diseminados por la ciudad. En días sucesivos, unos partidos de béisbol y un combate de boxeo fueron las retransmisiones estrella del nuevo invento.
Desde sus inicios, el deporte se definió como uno de los poderosos motores capaces de desarrollar el mundo de la comunicación. En la actualidad, junto con la pornografía, es el más formidable impulsor de las tecnologías avanzadas en televisión digital, sea por cable, satélite o por Internet.
La aparición de los medios electrónicos y audiovisuales causó en su día considerable alarma entre los diaristas y sus empresarios, ante la eventualidad de que el favor del público les abandonara. Los periódicos se esforzaron en buscar un nuevo papel. Conservaron su rol emblemático, convertidos en banderas de ideologías, posiciones políticas o reclamos populares, pero perfeccionaron sus sistemas de impresión y distribución, incorporaron la fotografía, primero, y el color, después, mantuvieron precios relativamente moderados y descubrieron su misión explicadora de las noticias y difusora de las opiniones. Además, se proclamaron campeones del pluralismo, ante la poca variedad de la oferta televisiva que, durante mucho tiempo, se ejerció de forma monopolística ?pública o privada ?, y se adentraron en las fórmulas del nuevo periodismo, con escritores tan espectaculares como Capote o García Márquez, o del llamado periodismo de investigación, que provocó la ira, el descrédito y la dimisión del presidente Nixon por el caso Watergate. No obstante, las tiradas y difusiones no crecían de acuerdo con el aumento de la población, desapareció la mayoría de los periódicos vespertinos y la publicidad encontró nuevas y más poderosas formas de expresión. A pesar de estas dificultades, la prensa descubrió que los medios, todos los medios, eran complementarios y no había lugar para el pánico.
A mediados de la década de los setenta y principios de los ochenta del pasado siglo, los diarios reemplazaron paulatinamente las técnicas del plomo e incorporaron la edición electrónica. El desarrollo de los satélites artificiales les permitió ampliar su mercado. La prensa había sido fundamentalmente un fenómeno local o, todo lo más, nacional en los estados pequeños o medios. Dada su importancia para la configuración de la opinión y la creación de identidades colectivas, la distribución de diarios recibía numerosos apoyos públicos en la mayoría de los países. Tarifas subvencionadas en correos y hasta trenes o aviones especiales ayudaban a difundir un producto considerado de primera necesidad por todas las democracias, pero también por las dictaduras, habida cuenta de su afición a la propaganda. Los satélites demostraron que podían ser útiles no sólo para la difusión de la televisión a las cabeceras de cable, o directamente a los hogares dotados de antenas parabólicas, sino también para la dispersión de las facilidades de imprenta y la publicación a distancia de los diarios. Eso ha permitido que un periódico antes minoritario como el Wall Street Journal se convirtiera en el de más tirada de Estados Unidos, o que el International Herald Tribune sea verdaderamente un diario global, con ediciones en los cinco continentes. La televisión avanzó por iguales derroteros. Los Juegos Olímpicos deMoscú, en 1980, fueron la oportunidad de la CNN para convertirse en la primera cadena planetaria de noticias. Más tarde, con ocasión de la guerra del Golfo, se puso de manifiesto su primacía como fuente de información en las crisis mundiales.
A partir de 1993, el Gobierno de Estados Unidos promovió la liberalización de las telecomunicaciones, propiciando la extensión de Internet, a base de abrir a los ciudadanos las antiguas redes de inteligencia, defensa e investigación de Estados Unidos. Cuando Bill Clinton asumió la presidencia, apenas había unos cientos (quizá menos) de páginas web en la Red. Hoy se cuentan por miles de millones. Hasta 1989 no se creó el lenguaje del hipertexto y los primeros navegadores llegaron al mercado a principios de los años noventa. En poco más de una década, el crecimiento del uso de Internet ha sido explosivo. Sorprendidos por el pinchazo de la burbuja digital, algunos piensan que se exageraron las expectativas en torno al impacto que la red de redes iba a suponer en el comportamiento de la economía, la información y las comunicaciones mundiales. Pero el aventurerismo financiero de unos cuantos no debe confundirnos a la hora de hacer predicciones. La sociedad digital, cuyo paradigma más evidente es Internet, está revolucionando nuestros comportamientos, tanto individuales como sociales, y significa el comienzo de una verdadera nueva civilización. No cabe duda, por eso, de que influirá poderosamente sobre el periodismo y sus diversas manifestaciones.
En menos de diez años, quizás en menos de un lustro, toda la información disponible en el mundo estará en la Red, al alcance, en principio, de todos, con tal, claro está, de que estén conectados al sistema y tengan las habilidades y capacidades necesarias. El viejo sueño de la biblioteca universal está a punto de cumplirse: todo el saber coleccionado, archivado, ordenado, a disposición de los usuarios. Pero, además, un saber dinámico, interactivo, dialéctico, en continua expansión gracias a la intervención de esos mismos usuarios. Un hecho así convierte en anticuado el adagio de que ?quien tiene la información tiene el poder?, porque la información se ha convertido casi en un bien mostrenco, al servicio y al alcance de la generalidad de los ciudadanos. Una mayor abundancia de información no significa, empero, una mejor información y quizás por esa vía podamos descubrir algunas de las nuevas misiones mediadoras del periodismo entre la sociedad y los individuos: el análisis, explicación y selección de los hechos; el descubrimiento de aquellos datos que existen y son públicos, pero nadie conoce, porque están al alcance de todos, pero no saben cómo llegar hasta ellos.
Las tecnologías avanzadas, de alguna manera, nos devuelven a la prehistoria del periodismo. En la sociedad de la información los canard parisinos y los gazzetanti venecianos campan por sus respetos. En la Red, las noticias se mezclan con los rumores, los engaños o las fantasías, y se venden por menos de una gaceta, porque se ofrecen de forma gratuita, buscando refugio económico en las prácticas de la antigüedad clásica: como Horacio, aspiran al mecenazgo de algún emperador, aunque tenga el aspecto de una botella de Coca-Cola. Descubrimos, también, el retorno a los tiempos épicos del periodismo en los que un hombre solo, con una pluma y una resma de cuartillas, se disponía a desafiar al mundo. Así nació el Herald de Nueva York. Su fundador, James Gordon Vennett, hacía las veces de reportero, director, cajista, impresor, distribuidor, agente de publicidad y experto en mercadotecnia. La Red permite también el periódico hecho por un solo redactor, e incluso, dirigido específicamente a un solo lector: propicia la personalización de la información, su especialización al máximo. Algunos se preguntan sobre el futuro del soporte papel para libros y diarios, al que Bill Gates ha vaticinado una supervivencia breve. Es todavía pronto para establecer previsiones de ese tipo, que tienen que ver no sólo con los avances de la tecnología y las demandas de racionalidad económica o ambiental sino, sobre todo, con los hábitos de los consumidores. Pero no debe haber sitio para el temor ni la desesperanza. Al cabo, ¿no será mejor leer en una pantalla de cristal líquido, flexible, bien iluminada, con grandes letras, y capacidad de enlaces a otros temas a través del hipertexto, que hacerlo en un papel con cara de añoso, mal impreso y lleno de imperfecciones? Lo que sucede es que un periódico en la Red no es un periódico: no sale periódicamente, sino que se renueva de continuo; disfruta de la convergencia entre textos, vídeo y audio; y puede dirigirse a un mercado planetario, sin fronteras geográficas ni temporales que lo impidan. En la sociedad de la información, la humanidad se adentra en un mundo desconocido y sorprendente para ella: es necesario comenzar a construir casi desde los cimientos. (...)"

domingo, outubro 24, 2004

Elementos para a análise da evolução
das concepções e práticas do jornalismo

[TEXTO 1]

Sobre o jornalismo séc XVIII-XIX

"Todos estes papeis eram escaços de noticias do reino; e se falavam de casamentos, obitos ou despachos, era só de gente graúda. Para se conhecer o que era o noticiario d'aqelles tempos, basta a transcripção que vamos fazer.O terramoto de 1755 succedeu a um sabbado. N'esse tempo a Gazeta saía ás quintas feiras. Na immediata á espantosa catastrophe, a folha publicou-se pontualmente, e no fim dizia o seguinte:

"Lisboa, 6 de novembro de 1755. O dia primeiro do corrente ficará memoravel a todos os seculos, pelos terremotos e incendios que arruinaram uma grande parte d'esta cidade; mas tem havido a felicidade de se acharem nas ruinas os cofres da fazenda real e da maior palie dos particulares."

Mais nada!Hoje, quando arde um predio da baixa, e morre algum bombeiro, no dia seguinte o noticiario de todos os jornaes é (?) como se ardesse Troya! Não se lê outra coisa; é um acontecimento memoravel.Arrazou-se quasi toda Lisboa; morreram sessenta mil almas; estão fumegando os seus melhores templos e palacios incendiados; ainda os gritos de misericordia estão ferindo os ares; o terror paira ainda sobre a cidade; e a Gazeta de 1755 cifra todo este quadro em seis linhas de noticiario!?

Silva Túlio
Cit. por Alfredo Cunha, in "O Diário de Notícias - A Sua Fundação e os Seus Fundadores", Lisboa, 1914


[TEXTO 2]

"(...)Pra ir de Lisboa ao Porto
Seis dias em mala-posta
São precisos e que perigos
O que lá vai não arrosta!

Pra fazer esse trajecto
Hoje em caminho de ferro,
Sem perigos, eu necessito
De seis horas se não erro
(...)

Uma nova da Austrália
Que venha pelo correio
Gasta em chegar a Lisboa
Talvês mais que mês e meio!

Se porém pelo telégrafo
A mesma for enviada
Em menos que um segundo
Será ela cá chegada! (...)

Mário de Sá-Carneiro, 1907
in Poemas Completos, Lisboa: Assírio e Alvim, 1996, pp. 217-218


[TEXTO 3]

"Diário de Notícias", nº1, 1865:

[Este novo jornal propõe-se] "interessar a todas as classes, ser acessível a todas as bolsas e compreensível a todas as inteligências (...). Eliminando o artigo de fundo, não discute política, nem sustenta polémica. Regista com a possível verdade todos os acontecimentos, deixando ao leitor, quaisquer que sejam os seus princípios, o comentá-los a seu sabor".

[TEXTO 4]

"Não nos furtamos a entrar em qualquer conversação urbana, decorosa e util; ao que nós fugimos systematicamente é ás polemicas desvairadas, insultuosas e inuteis, que offendem ás vezes a moral e o bom senso, aborrecem os leitores, e são uma das causas principaes da decadencia da imprensa politica, e da indifferença com que, segundo já vimos escripto, o publico a olha por vezes; a essas e a tudo quanto n'esse genero se filia, negamos desde muito absolutamente as nossas columnas, fechando-lhe até as portas da administração, embora com damno dos legitimos interesses da empreza."

Diário de Notícias, 28 de Setembro de 1878

[TEXTO 5]

?A imprensa, sendo, como é, a palavra organizada em instituição, tornada eco da multidão anónima, obscura, desvalida, paciente, irresoluta e murmurante, servindo, com a sua voz, de válvula de segurança providencial, e um grande bem, apesar de todos os defeitos que queiram encontrar-lhe e de todas as manchas que lhe possam ser notadas. [?] O jornalista é o factor subjectivo e pessoal, moral e responsável do exercício da imprensa. De coragem, independência e civismo deve ser formado o seu carácter: de penetração, lucidez e imparcialidade feito o seu critério; de talento, entusiasmo e amor formada a sua alma, votada a todas as concepções mais elevadas da arte e da beleza, na justiça, na verdade e no bem?.

Alberto Bessa (1904). O jornalismo. Esboço histórico da sua origem e desenvolvimento até aos nossos dias. Lisboa: Viúva Tavares Cardoso

terça-feira, outubro 19, 2004

Visita à Biblioteca Pública de Braga

A visita decorre amanhã, quarta-feira, a partir das 14.15h. Os docentes e a turma juntam-se no Largo do Paço. O primeiro turno de práticas iniciará a visita ao edifício e acervo documental, enquanto que o segundo turno analisará jornais de diferentes períodos históricos. Na segunda parte, trocam-se os papéis.
A análise dos jornais seguirá os seguintes critérios, tendo em conta os diferentes títulos e os diferentes momentos observados:

1. Aspectos externos/formais
:: Dimensão
:: Características da primeira página
:: Tipo de titulagem
:: ...
2. Aspectos de conteúdo
:: Matérias objecto de manchete
:: Matérias objecto de notícia de primeira página
:: Sequência e organização interna do conteúdo

Jornalistas e segredo de justiça

Vale a pena ler (e debater) o texto de opinião de Sebastião Lima Rego, membro da Alta Autoridade para a Comunicação Sicial (AACS), na edição do PÚBLICO de hoje. A questão do segredo de justiça - e de eventuais alterações à legislação que o enquadra - tem sido muito discutida em Portugal, sobretudo na sequência do "caso Casa Pia". É uma questão que não diz respeito exclusivamente aos jornalistas mas que os toca de modo bastante sensível.

domingo, outubro 17, 2004

Texto de apoio para a próxima aula
Uma perspectiva histórica do Jornalismo e da Imprensa

Este módulo pretende contextualizar no tempo a reflexão sobre o fenómeno e a actividade jornalística. Considera-se necessário que os estudantes apreendam que tal actividade constitui uma construção histórica, certamente com antecedentes remotos, mas relativamente recente. Nesta etapa do programa, procura-se ainda relacionar a evolução do Jornalismo com as inovações tecnológicas e as mudanças políticas e sócio-culturais das sociedades, tomando como referência o chamado "mundo ocidental". Uma atenção específica ao caso português pretende sublinhar a relação dos estudos jornalísticos com a nossa realidade e, ao mesmo tempo, perceber as conexões com um quadro internacional mais vasto.

1. Quadro sócio-cultural de desenvolvimento dos media na sociedades moderna

e contemporâneaA emergência do Jornalismo ocorre historicamente em resultado da convergência e conjugação de diferentes ordens de factores. De entre eles, merece referência o quadro mais vasto de ascensão económica e social de uma burguesia comercial que, à medida que adquire poder económico, vai disputar à nobreza tradicional o poder político.
Indissociável deste processo é, certamente, o novo quadro que se vai definindo, em resultado das grandes viagens de descobrimento e conquista, viagens essas em que os europeus, e nomeadamente os portugueses e espanhóis, tiveram papel de realce. As descobertas não significaram apenas a abertura de novos mercados, o crescimento dos fluxos comerciais, o rasgar de novas rotas. Representaram também um contacto com outras culturas, um alargamento dos horizontes geográficos, uma nova concepção do mundo, da pessoa humana e da sua história. Gerava-se, pela vez primeira, uma consciência planetária, que só teria paralelo, nos nossos dias, com a conquista do espaço e a possibilidade de nos vermos a partir de um ponto exterior ao mundo imediato que habitamos.
Em resultado deste movimento de abertura e de redefinição - e ao mesmo tempo dando-lhe fundamentação e consistência - surge o pensamento de diferentes autores em distintos lugares a questionar os fundamentos da ordem tradicional da aristocracia, nomeadamente a doutrina de que a ordem social vigente expressava a vontade divina e tinha nela a sua razão de ser.
O desenvolvimento do capitalismo comercial, cuja génese se terá de ir buscar aos finais da Idade Média, viria criar exigências, no plano da circulação das pessoas, dos produtos e das ideias e informações, que conflituavam com os mecanismos de controlo férreo dos monarcas e senhores locais (McNair, 1994, p. 25).
Um primeiro terreno de rupturas profundas no tecido de vários países da Europa ocorre no campo religioso, com Lutero e o protestantismo e, a uma escala menor, com Henrique VIII e o anglicanismo. Significativamente, a Imprensa de tipos móveis de Gutemberg, criada em meados do século XV, vai servir para a propaganda e a contra-propaganda nas lutas religiosas que cindem reinos e nações.
A partir do século XVIII, duas ordens de processos vão conjugar-se para induzir ou fazer eclodir mudanças em larga escala, nos planos económico, político e cultural. A primeira é a chamada Revolução Industrial, que, indo de encontro a necessidades e potencialidades emergentes, vai desencadear sucessivas ondas de choque com impacte em praticamente todas as áreas da vida social, com especial destaque para a economia. A aceleração, a velocidade, a mobilidade aumentam a produção e criam ou conquistam novos mercados, mas originam igualmente problemas sociais e uma anomia nunca antes vistas. A segunda afirma-se com o movimento que está na origem da Revolução Francesa e que leva ao derrube da velha ordem absolutista e à instauração de regimes liberais, norteados por princípios que reconhecem a igualdade intrínseca dos seres humanos (com mais propriedade: dos homens) e a liberdade de opinião, de expressão e de imprensa (mesmo que esta igualdade e estas liberdades fossem apenas as liberdades de alguns).
As liberdades instauradas pelos regimes liberais na Europa ocidental e na América; o investimento na escolarização massiva das populações, que já vinha de trás, nomeadamente nos países anglo-saxónicos; o crescimento de aglomerados urbanos de dimensões cada vezes maiores, onde as relações de interconhecimento tendem a diluir-se; tudo isto conjugado com a invenção do telégrafo e os progressos do caminho de ferro que alteraram radicalmente a velocidade de circulação[1]; a aplicação de novas formas de energia e de inovações várias nos processos de impressão, permitindo uma produção mais barata e mais rápida - eis, sumariamente referido, o quadro de onde emerge a imprensa de massas, a partir da segunda metade do século XIX.
No terreno das comunicações, desde os finais do século XIX, com a rádio e o cinema, passando pela televisão, que se afirma como o grande meio de comunicação social a partir da década de 50, e, já nos anos 80 e 90, pela redes telemáticas, assistimos a um processo cada vez mais acelerado de diversificação de suportes, de enriquecimento de linguagens e de convergência e combinação de modos de tratar e difundir a informação. Com esta panóplia de possibilidades, cresce o volume de informação circulante, reposicionam-se os media, uns relativamente aos outros (embora sem se aniquilarem reciprocamente), e o próprio Jornalismo sofre, como veremos, importantes transformações.

2. Imprensa, Jornalismo e sociedade: séc. XVI-XX

A difusão da imprensa de Gutemberg revelou-se uma condição necessária, embora não suficiente, para o desenvolvimento do Jornalismo moderno.
Há quem veja nos avisi romanos, nos relatórios e mensagens que circulavam entre o imperador e os confins do império ou até nos debates na ágora ou no fórum os antepassados ou primórdios do Jornalismo. De facto, tem sido notado, pelo menos no que à imprensa tange, que o Jornalismo tem mais que ver com a carta do que com o livro. Mais com o pregoeiro do que com o pregador.
De entre as razões ou factores que permitem compreender que o Jornalismo não se tenha desenvolvido de uma forma massificada se não a partir da segunda metade do séc. XIX (Chalaby 1996, p. 304), contam-se o fortíssimo controlo e censura do poder régio e eclesiástico sobre todo o tipo de materiais impressos; a carência de informações, num quadro em que os transportes e as comunicações eram lentos e perigosos; as dificuldades técnicas inerentes aos próprios processos de composição e impressão, para não falar já do papel. Tudo isto fazia com que as gazetas e relações dos séculos XVII e XVIII se difundissem de forma circunscrita entre as camadas mais ilustradas e mais abastadas da sociedade. Ou seja, eram um produto de uma elite. Mas continham já em gérmen o projecto jornalístico que, em conjuntura mais favorável, viria mais tarde a desabrochar[2].
Num esforço de caracterização do Jornalismo desse período, Josep Maria Casasús observa que, nas publicações periódicas de então, "não dominava o actual conceito de tempestividade extrema [em que] mais importante do que saber as coisas imediatamente depois de acontecerem era conhecê-las bem e sem pressas; nem existia o problema da selecção e valoração das notícias, que o crescimento das fontes, dos meios e dos sistemas de transmissão, e do volume de informação circulante viriam a converter numa doença grave do Jornalismo do nosso tempo" (Casasús 1991, p.17). De resto, segundo o mesmo investigador, a dificuldade em preencher as folhas de papel terá sido um dos factores que favoreceu o desenvolvimento do Jornalismo ideológico ou de opinião, ?que se converteu em hegemónico até meados do século XIX, na área anglo-saxónica e até pleno séc. XX nas culturas neolatinas europeias?. Outro factor, não menos decisivo para a expansão desse tipo de Jornalismo terá sido o clima de debate ideológico e de luta política, que alastrou na Europa, especialmente desde o século XVIII.
As transformações no sentido da passagem de um Jornalismo ideológico a um jornalista dito informativo, mais centrado no relato dos factos e dos acontecimentos ocorreu paulatinamente e com ritmos e intensidades diversas, como vimos já[3]. Este fenómeno surgiu nos Estados Unidos da América, muito ligado à combinação de dois factores: os constrangimentos decorrentes da entrada em cena das agências de informação, que operavam como rede de recolha e tratamento de informações que, depois, distribuíam pelos jornais seus clientes, recorrendo às possibilidades abertas pela comunicação telegráfica; e a emergência e afirmação dessa nova figura no campo da actividade jornalística que dá pelo nome de repórter (Mathien, 1995, pp.3-4), ou seja, aquele que se ocupa a deslocar-se ao local dos acontecimentos, sejam eles próximos ou distantes, enviando os seus relatos para o órgão em que presta serviço. A Guerra da Secessão terá sido um terreno propício a estes desenvolvimentos[4].
Neste mesmo quadro, desenvolve-se igualmente um modo, que é novo no Jornalismo de então, de produzir e apresentar as notícias: recorre a uma técnica de redacção, reduz a informação aos factos, apresentando-os de acordo com uma ordem decrescente de relevância. A técnica viria a ser conhecida por "pirâmide invertida" (ou "relato lógico", por contraposição a "relato cronológico"). Visava tornar mais eficiente a transmissão da informação, sacrificando, eventualmente, a riqueza literária da escrita. A sua afirmação e difusão constituem também o resultado de uma crescente especificação e autonomia do discurso jornalístico - e dos vários géneros em que este discurso se viria a consubstanciar - relativamente à escrita literária e ao discurso político-ideológico.
Tem-se atribuído ao Jornalismo norte-americano a criação deste modo de dar forma à enunciação da informação de actualidade, a ponto de Rosen considerar o Jornalismo informativo e "objectivo" como sendo "talvez o maior contributo que o Jornalismo americano tenha dado ao resto do mundo" (cit. in Durham, 1998)[5]. Convém notar, no entanto, que aquilo que veio, como contributo, de além-Atlântico pode, de facto, não ser tão original como parece. Estudando as relações entre a Retórica e o Jornalismo, Casasús encontra no rico património daquela primeira disciplina múltiplas pistas que sugerem a adaptação de processos da arte retórica à redacção jornalística[6].

3. O caso português

É escassa a investigação científica sobre a história da imprensa e, em geral, dos media, em Portugal; é ainda mais escassa a história dos primeiros passos e posteriores desenvolvimentos do Jornalismo, neste país. A principal obra de síntese continua a ser a Historia da Imprensa Periódica Portuguesa, de José Tengarrinha (que, de resto, se fica pela primeira década do séc. XX), a que alguns trabalhos monográficos se têm vindo a juntar, especialmente na última década.
Com base na informação existente, é possível inferir que a evolução do Jornalismo e dos media em Portugal não parece afastar-se significativamente das principais tendências estudadas noutros países que culturalmente nos são próximos, nomeadamente de Espanha e França. O que não retira em nada a urgente necessidade de se desenvolverem os estudos sobre a realidade portuguesa, a fim de procurarmos conhecer as nossas especificidades, o contexto particular que é o nosso, as trocas e influências nos contactos com as realidades vizinhas.
A máquina de imprensa de Gutemberg aparece documentada no nosso país a partir da década de 80 do séc. XV. Até então, informações da historiografia mostram-nos o papel desempenhado pelos pregoeiros, mensageiros, viajantes, trovadores e almocreves na circulação das notícias.
Seguindo a proposta de Tengarrinha, poder-se-iam definir três períodos para a imprensa em Portugal: a) os primórdios, que cobririam, em termos temporais, o período que vai do séc. XVI, com as relações e as gazetas, até à revolução liberal iniciada em 1820; b) a imprensa romântica, de forte cunho ideológico, que vai até finais do século XIX, embora desde a década de sessenta com sinais de mudança a desenharem-se; e c) o período da industrialização da imprensa, caracterizado por um crescente profissionalismo e por um peso cada vez maior da vertente noticiosa em detrimento da opinião[7].
A mudança verificada nas últimas décadas no Jornalismo escrito, para o que também contribuiu a entrada em cena da rádio e, sobretudo, da televisão, sugere a pertinência de uma revisão ou desenvolvimento da periodização de Tengarrinha, nomeadamente quanto à extensão temporal da sua terceira fase.
Um ponto importante que importa considerar, neste contexto, diz respeito ao binómio censura-liberdade, no campo da imprensa, tão decisivo para a configuração do Jornalismo. Deste ponto de vista, importa tomar consciência de que o período que vai do séc. XVI à actualidade foi, na sua maior parte, caracterizado por um forte regime de censura prévia. Foi-o até 1821, data da primeira lei de liberdade de imprensa, tornada efectiva apenas em 1834, na sequência do desfecho da guerra civil[8]; foi-o, mais proximamente, durante todo o período do chamado Estado Novo, até à Revolução de 25 de Abril, mesmo que eufemisticamente designado "exame prévio" no consulado marcelista[9].
Relativamente às características do Jornalismo praticado em cada uma das fases aqui consideradas, um bom exercício passa pelo contacto directo com exemplos de conteúdos de publicações de cada período e a respectiva análise.

NOTAS
[1] Mário de Sá-Carneiro, num poema de 1907, dá-nos um retrato desta mudança:
"(...)
Pra ir de Lisboa ao Porto / Seis dias em mala-posta / São precisos e que perigos / O que lá vai não arrosta! / Pra fazer esse trajecto / hoje em caminho de ferro, / Sem perigos, eu necessito / De seis horas se não erro/ (...) Uma nova da Austrália / Que venha pelo correio / Gasta em chegar a Lisboa / Talvês mais que mês e meio! / Se porém pelo telégrafo / A mesma for enviada / Em menos que um segundo / Será ela cá chegada! (...)?
in Poemas Completos, Lisboa: Assírio e Alvim, 1996, pp. 217-218
[2] Um sinal de que se tratava de um fenómeno novo, merecedor de análise, pode ver-se no facto de ter sido em Leipzig, em 1690, que foi apresentada a primeira tese universitária em Jornalismo - De Relationibus Novellis - da autoria de Tobias Pucer. Esta tese foi traduzida para catalão e publicada, com um estudo introdutório, em 1990, no nº 3 da revista Periodística, no ano em que perfaziam 300 anos sobre a sua apresentação (Casasús,1991, p.14)
[3] Para uma perspectiva histórica da noção de acontecimento, veja-se Rodrigo Alsina 1989, pp.81-90.
[4] Um exemplo que documenta esta mudança é fornecido pelo correspondente da agência Associated Press em Washington, ao escrever, em 1856: ?O meu trabalho é comunicar factos: as minhas instruções não permitem qualquer tipo de comentários sobre os factos, sejam eles quais forem? (Read, cit. in Traquina, 1988). Veja-se, para o caso português, algo de análogo no editorial do primeiro número do ?Diário de Notícias?, citado mais adiante.
[5] Num interessante artigo de Chalabry (1996), é esboçada a emergência e autonomização do "campo de produção discursiva" do Jornalismo, com as suas normas, valores e estratégias próprios, face ao discurso literário e ao discurso político, no período que vai dos anos 30 do séc. XIX até aos anos 20 do séc. XX.
[6] Casasús identifica historicamente dois grandes modelos de relato: o modus per incrementa, de que os relatos homéricos seriam uma das modalidades; e o modus per tempora. Este último é no essencial cronológico; aquele procede por gradação. A pirâmide invertida seria uma variante invertida do modus per incrementa. (ob cit. p.20)
[7] O programa ou projecto editorial com que se apresenta, em 1865, o "Diário de Notícias" (repare-se como não poderia haver título mais banal e, ao mesmo tempo, mais significativo) constitui um bom exemplo. Propõe-se, como refere no nº 1, interessar a todas as classes, ser acessível a todas as bolsas e compreensível a todas as inteligências (...). Eliminando o artigo de fundo, não discute política, nem sustenta polémica. Regista com a possível verdade todos os acontecimentos, deixando ao leitor, quaisquer que se jam os seus princípios, o comentá-los a seu sabor.
[8] Não sem entraves e mesmo retrocessos, como o documenta, por exemplo, aquela que ficou conhecida como "Lei das Rolhas", de 3 de Agosto de 1850, que suscitou em todo o país uma vigorosa onda de protestos, em que se destacaram algumas da nossas mais importantes figuras das letras.
[9] Para uma perspectiva do que foi a censura em Portugal da Revolução Liberal ao 25 de Abril de 1974, cf. Franco 1993; para a exemplificação de materiais censurados durante o salazarismo e marcelismo, cf. Príncipe (1994). A compreensão do quadro político existente nos finais do salazarismo e no período marcelista beneficia da consulta de Balsemão (1971). Para os desenvolvimentos do Jornalismo, das comunicações e dos media no Portugal do período imediatamente antes e após o 25 de Abril cf. nomeadamente Paquete de Oliveira, 1992 e 1995; Cádima, 1996; Mesquita et al.1994; Rebelo, 1993; Correia, 1997; Sousa, 1996; Seaton & Pimlott, 1983.

Manuel Pinto
Braga, 1999 (texto fotocopiado)

terça-feira, outubro 12, 2004

Jornalista: "atento, inquieto, a ver o que se passa"

P. - Si tuviese que darle algún consejo a los futuros periodistas y a los que recién están comenzando a trabajar, ¿cuáles serían los valores que no deberían transar nunca para ser periodistas de calidad?

"Mucha entrega, perseverancia y ética profesional. Les diría que se preocupen en no deshumanizarse. En este mundo tan loco y rápido pasan muchas cosas que, de repente, te dejas de sorprender y hay que cuidar que eso no ocurra. El periodista debe estar siempre atento, inquieto a ver lo que pasa, pendiente de los procesos, analizándolos y relacionándolos.
Por otro lado les diría que se reencantasen todos los días. Porque a veces los periodistas se bajonean ya que están en una carrera de lucha diaria. Estás dando examen todos los días? constantemente debes ofrecer un producto nuevo que cautive a la gente, lo que es más difícil hoy en día cuando la fidelidad es cero. Por eso deben sentir el periodismo adentro. Para mí el periodismo es una pasión, es estar con la adrenalina al cuello".

Pilar Bernstein, jornalista chilena, Canal 13

domingo, outubro 10, 2004

Entrevista a Juan Luís Cebrián

A revista Pública apresenta hoje uma entrevista de Adelino Gomes a Juan Luís Cebrián, fundador e primeiro director do jornal espanhol El País. A evolução da imprensa na era digital, o "telelixo", o panorama mediático espanhol, o processo Casa Pia e as oportunidades de expansão da comunicação social portuguesa são alguns dos temas abordados.
Aqui fica um excerto: "Há uma espécie de gueto constituído por governantes, políticos e jornalistas, o qual não se dá conta de que a democracia representativa ameaça afastar-se da realidade social. Penso que este é um grande desafio. Os "media" adquiriram uma grande posição na mediação social. Por isso os governos têm tanto medo dos "media", que em muitíssimos aspectos são mais importantes do que os partidos políticos. Ao mesmo tempo, há uma desvalorização da política produzida pelos mesmos "media" e pelos mesmos jornalistas".

quinta-feira, outubro 07, 2004

A política, os media, os grupos...

(Att. 4º ano - módulo IMPRENSA)
Muitos textos têm sido publicados, por estes dias, a propósito da saída de Marcelo Rebelo de Sousa da TVI. Vale a pena estar atento a eles (em jornais, em "sites", em blogues...), pois ajudam a perceber alguns aspectos importantes do funcionamento actual da Comunicação Social no nosso país - designadamente das suas relações com os mundos da política e dos negócios. É assunto que se prende com o que conversámos na última aula e vamos continuar a conversar na próxima. A título de exemplo, sugiro a leitura da coluna semanal de Pacheco Pereira no "PÚBLICO".

sexta-feira, outubro 01, 2004

Aviso aos alunos do 3º ano

Aula prática 6 Out. - 15h - LabICS

No dia 6 de Outubro (4ª feira), as duas aulas práticas serão substituídas por uma aula única, no Laboratório de Informática do Instituto de Ciências Sociais (piso 0 do ICS), às 15h00.
A esta aula deverá comparecer apenas um elemento de cada grupo, para criação do respectivo weblog.

Para essa aula, será necessário:
- Constituição dos grupos (entre 2 e 5 alunos) - nome, número, e se possível endereço de email de cada um dos elementos
- Nome e tema/pequena descrição do weblog a criar

Turnos das aulas práticas:

Turno 1 (4ª, 14h-16h) - Alunos com nomes de A a L
Turno 2 (4ª, 16h-18h) - Alunos com nomes de M a Z

(Poderão ser efectuadas permutas entre alunos, ou em eventuais casos de sobreposição de horários ou outros impedimentos semelhantes)

Uma pequena nota para quem tiver ficado com dúvidas na aula anterior: a distribuição dos turnos não afecta a constituição dos grupos para a criação do weblog. Isto porque (1) os weblogs são elaborados, ao longo do ano, fora do horário das aulas, e (2) para os outros trabalhos a realizar durante as aulas práticas, os grupos serão temporários, formados no momento, com os alunos presentes na aula.